La noche que Lunin se ganó al vestuario y por qué la final de Courtois con el Liverpool aún fue mejor | Fútbol | Deportes

Cuando Brahim terminó la ronda de entrevistas a la que le obligó el MVP y alcanzó al fin el vestuario, se sentó al lado de Lunin y pidió que les tomaran una fotografía en la que ambos sostienen el trofeo. El malagueño acaba de marcar un gol de fantasía, pero el partido contra el RB Leipzig lo ganaron a medias su genio y las nueve paradas del ucranio.

Lunin acababa de hacer cumbre, después de una travesía larga y desalentadora. A la dificultad extrema de pelearle el puesto a un Courtois que se movía entre los tres mejores porteros del mundo, se sumaba la distancia respecto del resto de la plantilla que marcaba el carácter del ucranio, entre gélido e introvertido. Se encontraba muy lejos del expansivo Courtois, que tanto tira un vacile, como pega un grito en el campo u ofrece ante las cámaras explicaciones prolijas de qué le ha sucedido al equipo en una noche comprometida. Lunin, en cambio, orbitaba como un satélite algo retirado del centro del grupo, sin llegar a darles motivos para que le tuvieran una fe ciega. Hasta su faena consagratoria en Leipzig, con ecos de la de Courtois en la final de la Champions de 2022: ambas con nueve paradas y portería a cero.

“Su mejor noche en el vestuario”, cuenta una fuente del club sobre el recibimiento a Lunin tras el partido en Leipzig. “Ovación espectacular de todos”. No solo eso. El primer mensaje que escribió Vinicius en X fue para él: “Vaya partidazo, Andriy Lunin”. Y ya en el siguiente se refirió a Brahim: “Qué jugador y qué golazoooo”. También le celebró Tchouameni, que como central de emergencia vivió muy de cerca el empeño conjunto de proteger la portería. El francés escribió “Lunin” y colocó al lado una estrella de sheriff.

El ucranio había mostrado rasgos del portero en el que el Real Madrid pensaba que podía convertirse cuando lo fichó en 2018 después de que le eligieran mejor guardameta del Mundial sub 20. “Ha hecho un partido sobresaliente”, dijo Ancelotti. “Su mejor partido”. Opta difundió un dato apabullante sobre sus nueve paradas. Desde que mantienen registros, en la temporada 2003/04, solo un guardameta del Madrid había hecho tantas sin recibir un gol: Courtois en la final de París. Dos porteros en 20 años.

El belga ha proyectado siempre una potente sombra sobre Lunin. Durante meses, el cuerpo técnico consideró que el ucranio sentía que no podía competirle el puesto y que eso frenaba su progresión. Le veían estancado, lo que desembocaba en actuaciones vacilantes que alimentaban la desconfianza del equipo. Hasta que Courtois se rompió el ligamento cruzado de la rodilla izquierda. El club reclutó enseguida a Kepa Arrizabalaga, al que invistió como titular desde el primer momento. Pero algo había cambiado. “Kepa no es Thibaut”, le trasladó el equipo de Ancelotti. Y él apretó el paso hasta que se llevó por delante al meta cedido por el Chelsea, hasta completar en Leipzig una noche que remite a la obra maestra de Courtois en París. Aunque lo de Lunin aún queda a cierta distancia de aquello.

Las nueve paradas del belga entrañaban bastante más complicación que las del ucranio. Para compararlas, ayuda la métrica de StatsBomb que evalúa la dificultad de los disparos a los que se enfrenta un portero, los goles esperados después del tiro (PSxG). En Alemania, Lunin se enfrentó a 0,77 PSxG, es decir, cada tiro tenía de media una dificultad de 0,08 goles esperados. Eso se traduce en que tiros realizados en las mismas circunstancias de posición del atacante, de los defensas y del portero terminan en gol el 8% de las veces.

En París, la situación resultó bastante más angustiosa: Courtois se enfrentó a 3,48 PSxG, lo que significa que cada tiro tenía de media una dificultad cinco veces mayor que la de los que recibió Lunin, 0,39 goles esperados.

Si se revisan los disparos uno a uno, también se encuentran diferencias notables. El tiro más difícil con el que se encontró Lunin fue uno de Sesko en el minuto 2 con 0,26 PSxG. En París, Courtois detuvo cinco que llevaban al menos el doble de peligro: 0,70, 0,64, 0,63, 0,59 y 0,51. Los tres más venenosos fueron de Salah, especialmente inspirado. Pero el egipcio se encontró ante un portero que parecía en trance. “Sentía que hoy nadie me podía marcar un gol”, dijo. El mismo monstruo que ha frenado a Lunin, y al que el ucranio se acercó en Leipzig.

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